Hernanz Angulo, Beatriz

Hernanz Angulo, Beatriz

Poeta española nacida en Pontevedra en 1963.

Es doctora en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid.

Ha simultaneado la labor docente y crítica con la creación literaria.

En la actualidad es crítica literaria en la sección cultural de El Mundo desde 1998 y coordinadora del área de Humanidades

del programa de becas de la Fundación Carolina.

Ha publicado numerosos artículos y ensayos sobre literatura española, especialmente sobre teatro clásico y contemporáneo,

y en el campo de la traducción ha hecho versiones en castellano de poetas como Montale, Cummings y Swzymborska.

Como poeta, ha publicado «La lealtad del espejo» premio Barcarola de poesía en 1993; «La vigilia del tiempo» accésit

del premio Adonáis 1996, libro que recibió una ayuda a la creación literaria del Ministerio de Cultura en 1994;

«La epopeya del laberinto» en 2001 y «La piel de las palabras» en 2005

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Hernández, Miguel

Hernández, Miguel

Poeta español nacido en Orihuela, Alicante, en 1910.

Hijo de campesinos, desempeñó entre otros oficios, el de pastor de cabras. Guiado por su amigo Ramón Sijé,

se inició en la poesía desde los veinte años; publicó su primer libro «Perito en lunas» en 1933 y posteriormente,

los sonetos agrupados en «El rayo que no cesa», marcaron la experiencia amorosa del poeta.

Durante la guerra civil militó muy activamente en el bando republicano como Comisario de Cultura, siendo encarcelado

y condenado a muerte al terminar el conflicto. Antes de morir, enfermo y detenido, publica su última obra, «Cancionero

y romancero de ausencias».

Falleció en 1942

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Hernández, Luis

Hernández, Luis 

Poeta peruano nacido en Lima en 1941.

De pequeño recibió una sólida educación intelectual acorde con sus inclinaciones artísticas. Inició estudios de Psicología

y los suspendió para viajar a Alemania por un año. A su regreso, decidió estudiar Medicina, alternando el ejercicio

profesional -como médico de barrio-, con la actividad literaria.

Su obra ha continuado creciendo después de su muerte. En la actualidad se han encontrado

52 Cuadernos, escritos como una especie de Diario, que además de dar cuenta de su creación poética,

reflejan su proceso interno como ser humano. Su obra, aún dispersa, constituye el único legado del poeta,

denominado por él mismo como Voz Horrísona.

Se quitó la vida en Buenos Aires en 1977, donde se encontraba por razones de salud

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Hernández, Francisco

Hernández, Francisco

Poeta mexicano nacido en San Andrés Tuxtla, Veracruz, en 1946.

Es una de las voces representativas de la nueva poesía mexicana.

Su poesía es muy versátil y maneja con igual vigor los temas sensuales, el humor negro y la añoranza.

En 1982 obtuvo el Premio Nacional de Poesía de Aguascalientes, en 1993 el Premio Carlos Pellicer para Obra publicada

y en 1994 el Premio Xavier Villaurrutia. Actualmente es becario del sistema nacional de Creadores de Arte del FONCA.

«Gritar es cosa de mudos» en 1974, «Portarretratos» en 1976, «Textos criminales» en 1980, «Mar de fondo» en 1982,

«Oscura coincidencia» en 1986, «El ala del tigre» en 1991 y «Antojo de Trampa» -selección de su obra- en 1999,

son sus obras más significativas.

 

A estas palabras menudas…

-A estas palabras menudas se las va a llevar

la trampa, me aseguras.

Y añades en voz baja:

-Ojo con el hoyo hirviente

de las bellas bailarinas tramposas.

 

Ahora, rojo es el lenguaje…

Ahora, rojo es el lenguaje,

rojo como mi lengua cuando pasa

sobre la flor labiodental del flamboyán.

Ahora, tu cara es roja,

roja como cuando se enfrenta

a la rubicundez arrugada de mi cara.

Ahora, más que nunca,

rojo antojo de tus grandes ojos.

(Sobre una llave de agua, canta un gallo

blanco a punto de enrojecer.)

 

 

Desnuda eres como una calle…

Desnuda eres como una calle

subes, te abres, serpeas, te angostas,

doblas, sigues mis pasos y desembocas.

 

 

El amor, rodeado casi siempre por un antojo…

El amor, rodeado casi siempre por un antojo

de olvido, avanza resuelto hacia las trampas

creadas para cazar osos con piel de leopardo

y serpientes con plumaje de cóndor.

Y el amor sobrevive a las heridas y ruge,

voladora, la envidia de los venenosos.

 

 

En las trampas de los ojos…

En las trampas de los ojos

el paisaje y su escritura verde,

la tierra y su amor calizo,

la luz y sus remolinos amarillos.

El tránsito hacia los escalofríos,

hacia el vestido recto de la noche,

hacia el agua embriagante de la cercanía.

La plenitud de tu flor abierta

en el espejo, de tu cintura encerrada entre mis manos,

de tus labios en el lugar común

de mi nombre completo.

 

 

Extraño tu sexo. Piso flores al caminar y extraño tu sexo…

Extraño tu sexo. Piso flores rosadas al caminar y extraño

tu sexo.

En mis labios tu sexo se abre como fruta viva, como voraz

molusco agonizante.

Piso flores negras al caminar y recuerdo el olor de tu sexo,

sus violentas marejadas de aroma, su coralina humedad

entre los carnosos crepúsculos del estío.

Piso flores translúcidas caídas de árboles sin corteza

y extraño tu sexo ciñéndose a mi lengua.

 

Fantasma

Amo las líneas nebulosas de tu cara,

tu voz que no recuerdo,

tu racimo de aromas olvidados.

Amo tus pasos que a nadie te conducen

y el sótano que pueblas con mi ausencia.

Amo entrañablemente tu carne de fantasma.

 

 

Gota

Una gota de anís

resbala por tus muslos

con la indiferencia

de un barco que se aleja.

Suena el color dorado en las orillas del ojo,

del mar del ojo, del mal de ojo.

Sueña una imagen color naranja

con ser, eternamente,

una perseguidora quintaesencia.

Por eso, a las trampas del ojo

me encomiendo.

Y me inflamo, por si llegan a tiempo

las pesadillas del cristalino.

 

 

Habla Scardanelli

I

Cómo cantarte, Diótima, sin vino

y con el piano mudo que a señas me congela.

Cómo describir, en su cadencia, tus lentas ceremonias

si no puedo beberte de mi vaso,

si no te me atragantas rumorosa,

si la botella rota no conserva tu ardor

ni los reflejos.

No hay alcohol, amantísima Griega de voz noble,

comparable a tus claras humedades:

las de tus ojos grandes y en destierro,

las de tus frescas lágrimas fingidas,

las de tu vientre ajeno que humea bajo la lluvia.

Cómo cantarte con la garganta seca,

cómo vivir si no puedo beberte devorándote,

cómo sorber tus músculos tirantes

de alta mujer bandera entre los hombres

si ya no estás emparedada en vidrio,

si resulta imposible pulverizar tus huesos.

Brilla perfecto el sol de los nocturnos.

El veneno en silencio merodea.

La quietud con sus fauces me rodea.

 

II

Cómo nombrarte, Diótima, sin vino en la mar alta.

Se resecan los vocablos innobles,

se agrieta la faringe bajo esta

sobriedad de hachazos,

no soportan tus lóbulos carnosos

mis huecas oraciones caídas del fermento.

Qué soledad más triste la del sobrio.

De la luz amarilla se desprende un tropel

de gnomos enyesados.

Abro la boca para que mis gritos

se adornen con vómitos o maldiciones

y las encías supuran

una dulce canción por la embriaguez perdida.

Cómo nombrarte, Diótima, si no soy el ahogado

amanecido en el centro de tu calma.

 

 

La primera mujer que recorrió mi cuerpo…

La primera mujer que recorrió mi cuerpo

tenía labios de maga: labios verdes y azules,

con sabor a fruto silvestre,

con señales indescifrables como la miel o el aire.

Muchas veces incendió mis cabellos con siete granos y

siete aguas, con ensalmos que sonaban a campanillas

de barro, con nubes de copal que se mezclaban al embrión

que recorría mi frente coronada por ramos de albahaca.

Toda la noche ardía la pócima bajo mi cama.

Al día siguiente, un niño nacido después de mellizos

la arrojaba al río, de espaldas, para no ver el sitio

donde caía ni el vuelo repentino de los zopilotes.

Entre tanto, mi madre me contaba

lo que Colmillo Blanco no sabía de la nieve

y el recuerdo del mar era un espejismo bajo la sábanas.

 

 

Las gastadas palabras de siempre

Déjame recordarte las gastadas palabras de siempre,

los armarios que encierran la humedad de los puertos

y el sabor a betel que dejas en mis labios

cuando desapareces en el aire.

Déjame tender tu cabello a la sombra

para que la penumbra madure como el día.

Déjame ser una ciudad inmensa, un bote de cerveza

o el fruto desollado ante la espiga.

Déjame recordarte dónde me ahogué de niño

y por qué hace brillar mi sangre la tristeza.

O déjame tirado en la banqueta, cubierto de periódicos,

mientras la nave de los locos zarpa

hacia las islas griegas.

 

Mariposa

Tu sexo,

una mariposa negra.

Y no hay metáfora:

entró por la ventana

y fue a posarse

entre tus piernas.

 

 

Mayo se hizo presente y las nubes entraron…

Mayo se hizo presente y las nubes entraron

a la casa tomando posesión de los floreros.

Te imagino con la cara lavada en una mecedora, puliendo

monedas de oro. El escaso viento palúdico

me trae un olor a camarones vivos, a tehuanas

con frialdad de cerveza en los aretes.

Un perro iluminado por Toledo trata de morder

tus tobillos. Las monedas de oro caen sobre el

mosaico y dan con el canto en el origen de

los ladridos.

Todo se dispersa. Mayo se deja encadenar por el

pintor, y el artista y el mes se van con sus

resplandores a otra parte.

Junio se hace presente con sus altanerías.

Es decir, con sus fechas de muerte, rabia y nacimiento.

 

 

Mis manos en tu espalda…

Mis manos en tu espalda

desconocen la artritis

y las sombras de la deformación.

Mis manos, en tus muslos,

no piensan en un río

ni en la inconsciencia de la navegación.

Mis manos, en tus manos,

no extrañan cuello alguno

ni se avergüenzan

de un antojo de trampa,

de una esperanza de mutilación.

 

Muero por deslizar, verticalmente…

Muero por deslizar, verticalmente,

mi lengua entre tus labios.

Por humedecer, horizontalmente,

el imposible rencor de tus encías.

Se me antojan tus ojos cuando,

repletos de placer, miran empavesados

espejismos.

Desnúdate. Blanquea la oscuridad.

Ya crecieron mis uñas.

Ya encaminadas van hacia tus labios.

 

 

Nubes a lo lejos…

Nubes a lo lejos,

sobre el hilo tenso de la carretera.

Frente a nosotros,

manos azules desanudando

el hilo tenso de la carretera.

Puestos a secar,

tus deseos cuelgan

del hilo tenso de la carretera.

 

Otro día sin verte, sin poner mis pupilas…

Otro día sin verte, sin poner mis pupilas

encima de tus trampas.

Quiero decir: encima de tus rodillas sin cicatrices,

de tus labios amameyados, de tus afiladas

rencillas rojas, de tus palabras claves

que continuamente preguntan si te entiendo.

Otro día sin verte, otras horas

de amarte a cielo abierto,

de acariciarte en un aire ya sujeto

por mi collar de uñas enterradas.

 

 

Palabras de la griega

No me guardes en tu imaginación.

No me pienses.

Tus ojos están llenos de espléndida ponzoña.

No me mires.

Que mi saliva te inunde la garganta.

No me asfixies.

Deja de agusanar mi mente confundida.

No me pudras.

Guarda mis incisivos en una caja de plata

pero no te arrodilles ante sus resplandores.

No me reces.

Que mis ropajes no sirvan de velamen

a los navíos sin patria.

No me rasgues.

Que mis coágulos no vivan en tus uñas

ni en los nudillos que derriban templos.

No me maldigas.

En la herida la sal halle su suerte.

Heredia, José María de

José María de Heredia (Cuba-Francia 1842-1905)

Poeta, dramaturgo y crítico francés, nacido en Cuba en 1842.

Hijo de padre cubano y madre francesa, recibió educación primaria en el colegio Saint Vincent de Senlis de Paris. De regreso a La Habana en 1851, escribió los primeros versos en francés, y ante la imposibilidad de iniciar la carrera de Derecho, regresó a Francia donde impresionado por la obra de Leconte de Lisle, ingresó al movimiento parnasiano constituyéndose en uno de sus principales representantes.

En 1893 publicó una colección de sonetos “Los trofeos”,

considerada su máxima obra, y en 1894 la “Historia de la Monja Alfére”, memorias de Catalina de Erauso.

Fue Oficial de la Legión de Honor, y miembro de número de la Academia Francesa desde 1894.

Falleció en Houdan, Francia, en 1905.

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Herbert, Zbigniew

 

Herbert, Zbigniew (Polonia 1924-1998)

Reseña biográfica

Poeta, ensayista y dramaturgo polaco nacido en Lwow en 1924.

Fue uno de los poetas más importantes de la literatura polaca del siglo XX. Estudió Derecho, Filosofía y Economía en las Universidades de Varsovia y Cracovia y se convirtió en el líder espiritual del movimiento anticomunista en Polonia. La constante lucha por la libertad de su pueblo hizo que el régimen prohibiera en principio la publicación de sus obras, logrando que en 1956 saliera a la luz pública su primer trabajo poético “Cadena de luz”, seguido entre otros por

“El estudio del objeto” en 1961, “Inscripción” en 1969, “Mr. Cogito” en 1974, “Informe de una ciudad sitiada” en 1990, “89 versos” en 1997 y “Epílogo de la tempestad” en 1998.

Viajó por varios países residiendo por algún tiempo en Francia y Estados Unidos donde fue profesor de literatura en California.

Recibió valiosos premios internacionales. Su obra ha sido traducida a numerosos idiomas.

Falleció en Varsovia en julio de 1998.

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Heine, Heinrich

Heine, Heinrich (Alemnia 1797-1856)

Reseña biográfica

Poeta alemán nacido en Düsseldorf el 13 de diciembre de 1797.

Hijo de padres judíos, inició estudios en su ciudad natal, se trasladó luego a Bonn donde empezó la carrera de Derecho.

En 1821 interrumpió los estudios y se radicó en Berlín para relacionarse con importantes figuras de la intelectualidad alemana. Allí inició una fulgurante carrera literaria que lo convirtió en una de las figuras más brillantes de la poesía alemana. Su primer libro, “Poemas”, se publicó en 1822.

Una vez terminada su carrera de Derecho, se dedicó de lleno a la poesía, mostrando en su obra la gran influencia que ejerció en él Wilhem F. Hegel, gran filósofo alemán. De esa época es su famoso “Libro de canciones” .

En 1827 viajó a Inglaterra e Italia y finalmente se radicó en Paris en 1831. Allí escribió sus poemas satíricos, “Alemania, un cuento de invierno” y “Romancero” en 1851.

Después de varios años de enfermedad, falleció en Paris 1856.

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Heaney, Seamus

Heaney, Seamus (Irlanda, 1939)

Poeta y crítico literario irlandés nacido en County Derry, Norte de Irlanda en 1939.

Al terminar la escuela primaria en su ciudad natal, se trasladó a Belfast para ingresar a Queen’s University donde concluyó su carrera universitaria, dedicándose luego a la enseñanza hasta 1972, año en el que decidió viajar a Doublin para dictar la cátedra de literatura en Carysfort College.

A partir de 1982, dedicado por completo a la poesía y a la crítica, ejerció como profesor de Retórica y Oratoria en la Universidad de Harvard, profesor de poesía en la Universidad de Oxford y conferenciante de prestigiosos establecimientos culturales.

De su obra se destacan “Muerte de un naturalista” 1966, “Puerta a las tinieblas” 1969, “Huyendo del invierno” 1972, “Trabajo de campo” 1979, “Viendo cosas” 1991 y “Poesía reunida” 1998. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1995.

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Hazm de Córdoba, Ibn

Hazm de Córdoba, Ibn Corodoba, España 994-1063

Polígrafo hebraico-español nacido en Córdoba en el año 994 en el seno de una familia aristocrática. Su infancia, hasta los quince años, transcurrió en la corte cordobesa, por ser su padre un alto funcionario al servicio del gran Almanzor.

Participó en las intrigas que influyeron en la evolución de las guerras que acabaron con el califato Omeya. En 1023 fue nombrado Visir y al terminar el gobierno Omeya un año después, fue encarcelado. Una vez libre, renunció a la política, abandonó el rito Malequí y adoptó el rito Zaharí.

Sus obras más representativas son “El collar de la paloma”, considerado como el más bello libro sobre el amor en lengua árabe, “La Historia crítica de las religiones, sectas y escuelas”, “El bordado de la novia” y “Los caracteres y la conducta”.

Falleció en Montíjar en el año 1063.

Te amo con un amor inalterable,

mientras tantos amores humanos no son más que espejismos.

Te consagro un amor puro y sin mácula:

en mis entrañas está visiblemente grabado y escrito tu cariño.

Si en mi espíritu hubiese otra cosa que tú,

la arrancaría y desgarraría con mis propias manos.

No quiero de ti otra cosa que amor;

fuera de él no te pido nada.

Si lo consigo, la Tierra entera y la Humanidad

serán para mí como motas de polvo y los habitantes del país, insectos.

 

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